Las emociones son transversales a nuestro trabajo. Están presentes en cada decisión que tomamos, en cómo nos comunicamos, en cómo elegimos responder a las diferentes situaciones que se nos presentan, en cuánto disfrutamos de lo que hacemos y en la calidad de los vínculos laborales que construimos.
En el mundo laboral actual, sobreestimulado, vertiginoso y exigente, es fundamental contar con habilidades emocionales.
Identificar, comprender y gestionar emociones propias y ajenas hoy ya no es una opción, es un requisito imprescindible para tomar mejores decisiones, alcanzar niveles alto de productividad, comunicarte sin explotar ni guardarte todo, favorecer el clima grupal, superar conflictos, resolver problemas, sostener motivación y claridad mental y lidiar con el estrés cotidiano.
El bienestar laboral no se logra eliminando las emociones, pero tampoco explotando con ellas, sino aprendiendo a gestionarlas con inteligencia.